Las inyecciones para bajar de peso, como Ozempic o Wegovy, han ganado popularidad mundial por su capacidad para controlar el apetito. Estos fármacos imitan la biología humana, engañando al cerebro y al estómago mediante péptidos análogos del GLP-1. La doctora Jacqueline Díaz, endocrinóloga y nutrióloga, explica que estos péptidos son cadenas de aminoácidos que el cuerpo produce naturalmente, pero que en su forma farmacéutica pueden durar más tiempo en el organismo.

El medicamento actúa a través de cuatro mecanismos biológicos: estimula la secreción de insulina en el páncreas, frena la liberación de glucagón, enlentece el vaciamiento gástrico y actúa en los centros cerebrales del hambre y la saciedad. Sin embargo, la doctora Díaz advierte sobre el riesgo de desnutrición, ya que al reducir el apetito, los pacientes pueden dejar de consumir nutrientes esenciales, especialmente proteínas.

La especialista subraya la importancia de mantener una ingesta adecuada de proteínas para evitar la sarcopenia y la debilidad. Además, aclara que estas inyecciones no son una cura definitiva; si se interrumpe el tratamiento sin cambios en el estilo de vida, es probable que el peso perdido se recupere.