La administración Trump ha impuesto un arancel del 12.5% a varios países, justificándolo como una medida contra el trabajo forzoso. Sin embargo, esta acción refleja una estrategia geoeconómica más amplia, donde el comercio y las finanzas se utilizan como herramientas de poder geopolítico. La medida busca reconfigurar las cadenas globales de producción en beneficio de los intereses nacionales de Estados Unidos, especialmente en su rivalidad con China.

Este enfoque mercantilista no distingue entre aliados o adversarios, sino que se centra en el balance de beneficios para Estados Unidos. La República Dominicana, altamente dependiente de EE.UU. para sus exportaciones, inversiones y remesas, se encuentra en una posición vulnerable ante estas políticas. La dependencia estructural limita la autonomía nacional y expone al país a presiones económicas externas.

Las teorías de la geoeconomía advierten sobre los riesgos de concentrar vínculos económicos en una sola potencia. Para la República Dominicana, la diversificación comercial y financiera se convierte en una necesidad estratégica para aumentar su autonomía económica. En este nuevo escenario, el arancel del 12.5% simboliza el cambio hacia una geoeconomía donde el poder internacional se ejerce a través de instrumentos económicos.