Martha, una mujer de 60 años, enfrenta el desafío de sostener un hogar afectado por la enfermedad mental. Su hijo, diagnosticado con esquizofrenia desde los 16 años, requiere un tratamiento constante que implica un esfuerzo económico significativo para la familia.

A pesar de recibir apoyo de la Pastoral de la Salud, Martha debe asumir parte del costo de los medicamentos, lo que representa una carga financiera adicional. La situación se complica con la enfermedad de su esposo, quien continúa trabajando como ebanista a pesar de padecer cáncer de garganta.

El sistema de salud dominicano ha implementado medidas para mejorar la atención en salud mental, pero aún enfrenta desafíos para garantizar la continuidad del tratamiento. Especialistas como Ángel Almánzar destacan la importancia de una protección financiera adecuada para enfermedades crónicas como la esquizofrenia.

Programas como PROMESE/CAL buscan reducir el costo de los tratamientos psiquiátricos, pero las necesidades específicas de cada paciente pueden generar gastos adicionales para las familias. La historia de Martha refleja el impacto económico y emocional que la enfermedad mental puede tener en un hogar.

La reforma en salud mental en República Dominicana busca ampliar los servicios y garantizar la continuidad del tratamiento para quienes viven con estas enfermedades. Sin embargo, el esfuerzo familiar sigue siendo crucial para mantener la estabilidad y el bienestar de los pacientes.