Los eclipses lunares ocurren cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre esta última. Este fenómeno solo se produce durante la fase de Luna llena, cuando los tres cuerpos celestes se alinean adecuadamente.

La diferencia principal entre un eclipse lunar parcial y uno total radica en la cantidad de superficie lunar que atraviesa la umbra, la parte más oscura de la sombra terrestre. En un eclipse parcial, solo una porción de la Luna entra en la umbra, mientras que en un eclipse total, toda la Luna queda cubierta por ella.

Durante un eclipse total, la Luna puede adquirir un tono rojizo debido a la dispersión de la luz solar por la atmósfera terrestre, fenómeno conocido como "Luna de sangre". La duración y el aspecto de un eclipse dependen de la trayectoria de la Luna a través de la sombra terrestre.

Además, existe el eclipse lunar penumbral, donde la Luna atraviesa solo la penumbra, la parte más tenue de la sombra, resultando en un oscurecimiento sutil. A diferencia de los eclipses solares, los eclipses lunares pueden observarse sin protección especial para los ojos.