El trágico fallecimiento de Rebeca Brizar durante una cirugía estética realizada por un barbero ha puesto en evidencia las deficiencias en la regulación de centros médicos en Santo Domingo. La joven se sometió a una abdominoplastia y liposucción en la Clínica Obesidad y Antienvejecimiento Doctora Griselda Basora, pagando 340 mil pesos dominicanos.

El centro médico, que aparentaba ser una clínica especializada, no estaba acreditado y ofrecía servicios ambulatorios sin especificar procedimientos quirúrgicos complejos. La intervención fue realizada por un barbero, una doctora propietaria del centro, una enfermera y dos supuestos anestesiólogos no registrados oficialmente.

La Sociedad Dominicana de Anestesiología ha señalado que los anestesiólogos involucrados no están registrados en su sistema. La familia de Rebeca, conmocionada por su muerte, exige justicia y que se responsabilice a todo el personal implicado en la intervención.

Aniceto Rodríguez, presidente de la Sociedad Dominicana de Cirugía Plástica Reconstructiva y Estética, ha advertido sobre el intrusismo profesional y la necesidad de elegir centros acreditados para cirugías estéticas. Señala que precios inusualmente bajos y la falta de acreditación son señales de alerta para los pacientes.