El consumo de cigarrillos electrónicos entre adolescentes representa un desafío complejo que va más allá de retirar un dispositivo de las manos de un estudiante. Un estudio exploratorio, titulado "Vapear no es un juego", destaca la vulnerabilidad propia de la edad, la presión de grupo y una oferta comercial diseñada para atraer a los jóvenes como factores que contribuyen al consumo.
Durante un conversatorio sobre la protección de niños, adolescentes y jóvenes frente al consumo de cigarrillos electrónicos, se presentó este estudio con la participación de representantes del Consejo Nacional de Drogas (CND), el Ministerio de Educación y el Ideice. Una conclusión notable fue que, aunque los estudiantes reconocen los riesgos del vapeo, este conocimiento no siempre se traduce en el abandono del consumo.
La investigación, realizada en 60 centros educativos de Barahona y Santo Domingo, incluyó a 9,352 estudiantes. Los participantes identificaron riesgos como daños a la salud, especialmente a los pulmones y el corazón, y efectos sobre el aprendizaje. Sin embargo, los tutores registraron una mayor prevalencia de consumo que los propios estudiantes.
Este hallazgo plantea un desafío para las estrategias de prevención, sugiriendo que el vapeo debe abordarse no solo desde la escuela, sino también involucrando a las familias y al entorno social. Además, se discutió el papel de la industria y sus estrategias de comercialización que normalizan el consumo entre jóvenes.
El sistema educativo ha reforzado sus mecanismos para enfrentar la presencia de estos dispositivos en los centros escolares, prohibiendo no solo los cigarrillos convencionales, sino también los dispositivos electrónicos y vaporizadores. Desde el año pasado, el Ministerio de Educación y el Consejo Nacional de Drogas han desarrollado una campaña de prevención en los centros educativos.




