El brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC) ha alcanzado proporciones alarmantes, cubriendo un territorio más grande que Francia. En los últimos tres meses, 2,500 personas han fallecido, con un aumento significativo en las últimas semanas. Además, 160 trabajadores sanitarios contrajeron el virus, de los cuales 63 han muerto.

El coordinador humanitario de la ONU para el ébola, Julien Harneis, destacó la complejidad de la situación, agravada por ataques a instalaciones y personal sanitario, conflictos armados y problemas logísticos. La falta de liquidez impide pagar a los trabajadores en primera línea, exacerbando la crisis. El sistema bancario local está paralizado, y las transacciones móviles no son viables debido a la baja conectividad.

Harneis instó a una inversión urgente en recursos y personal para frenar la propagación del virus. Advirtió que sin estas medidas, la epidemia podría causar más muertes y extenderse a países vecinos, aumentando el riesgo regional.