Por décadas, Boca Chica fue el destino preferido de las familias dominicanas para disfrutar de un día de playa sin grandes gastos. Sin embargo, la creciente presión comercial ha transformado esta experiencia en una jornada costosa e incómoda para muchos visitantes.
La playa ahora está ocupada por una fila de mesas y negocios que reducen el espacio libre para los bañistas. Además, los precios de los alimentos y bebidas han aumentado considerablemente, con platos de mariscos que superan los RD$3,000 y bebidas que alcanzan precios elevados.
Los visitantes también enfrentan el constante abordaje de vendedores ambulantes, lo que dificulta disfrutar del lugar con tranquilidad. El crecimiento de negocios en la arena ha modificado la experiencia del balneario, alejando a Boca Chica de su tradicional condición de "la playa del pueblo".




