La presión por aprovechar cada momento de un viaje puede llevar a itinerarios llenos de actividades, reduciendo el tiempo de descanso y provocando que algunas personas regresen más cansadas de lo que partieron. Una encuesta de MyIQ a 13,684 adultos de diversas regiones encontró que el 69% siente presión por hacer que cada día de viaje "cuente", incluso si eso significa regresar a casa más agotado.

La planificación genera presión incluso antes de partir, con el 63% dedicando más tiempo a organizar el viaje que a decidir realmente adónde ir. Una vez en el destino, el 57% siente culpa al no hacer nada por una tarde, y el 48% regresa sintiendo que necesita otro descanso.

La presión no solo provoca itinerarios cargados, sino que influye en las decisiones sobre qué hacer y cuánto tiempo permanecer en cada lugar. El 42% de los encuestados cambió sus planes por temor a quedarse demasiado tiempo en un sitio, y el 38% realizó actividades que realmente no le interesaban.

Sarah Meyer, directora general de MyIQ, señala que la cultura de la productividad ha trascendido el entorno laboral, afectando cómo las personas valoran su tiempo libre. La investigación sugiere que encontrar un equilibrio entre conocer el destino y disfrutarlo puede evitar que el viaje se convierta en una carrera contra el reloj.