La inteligencia artificial (IA) ha emergido como un tema central en la campaña electoral de Estados Unidos, afectando tanto a demócratas como a republicanos. La preocupación ciudadana y el gasto millonario de la industria tecnológica en propaganda han resaltado la importancia de esta tecnología en las elecciones legislativas de medio mandato.
A pesar de que la inflación y el costo de vida siguen siendo las principales preocupaciones del electorado, la IA y los centros de datos han generado tensiones locales. Un sondeo de CBS News indica que el 52% de los estadounidenses teme que los modelos de IA puedan causar daños, mientras que un 68% teme su uso por actores hostiles.
La instalación de centros de datos ha suscitado oposición ciudadana debido a su alto consumo de agua y electricidad. Cerca del 60% de los ciudadanos apoya limitar su construcción, según un sondeo de AP-NORC. Nicholas Reese, analista de la Universidad de Nueva York, destaca la desconexión entre el sector tecnológico y la política institucional.
El debate sobre la IA divide a los legisladores. Algunos, como el demócrata John Hickenlooper, abogan por auditorías independientes, mientras que otros, como el republicano Jay Obernolte, advierten que una regulación excesiva podría frenar la innovación. En estados clave, candidatos de ambos partidos han utilizado el tema de los centros de datos como arma política.
Los comités de acción política vinculados a empresas líderes han invertido más de 55 millones de dólares en las primarias parlamentarias para asegurar apoyos. Reese advierte que, sin salvaguardas institucionales, un fallo técnico significativo podría convertir a la IA en el centro del debate para las presidenciales de 2028.




