Durante un terremoto, el principal peligro para la población no proviene de la magnitud del sismo, sino de las deficiencias en las edificaciones, afirmó el ingeniero estructural Luis Abbott. Abbott advirtió que las fallas en el diseño estructural, la construcción sobre terrenos inadecuados y la ausencia de elementos de refuerzo pueden provocar daños severos e incluso el colapso de los edificios.
En un panel realizado en Intecsobre el comportamiento de las estructuras ante los movimientos sísmicos, Abbott sostuvo que los ingenieros no diseñan las edificaciones en función de la magnitud de un terremoto, sino de la aceleración que experimenta el suelo. Explicó que muchas edificaciones construidas con vigas y columnas, pero revestidas con muros de mampostería, pueden perder parte de su capacidad de resistencia cuando esos muros resultan dañados durante el primer movimiento sísmico.
Abbott recordó que esta situación se observó en Venezuela tras el terremoto de 1967, cuando muchas edificaciones sufrieron daños importantes debido al deterioro acumulado tras las sucesivas ondas sísmicas. Indicó que las características del terreno también desempeñan un papel determinante en el comportamiento de las estructuras, especialmente en suelos aluviales o susceptibles a licuación.
El ingeniero consideró que la solución no pasa por prohibir la construcción de edificios altos, sino por aplicar diseños estructurales adecuados y realizar mejoras en los suelos cuando las condiciones geotécnicas lo requieran. Abbott hizo un llamado a fortalecer la coordinación entre arquitectos, desarrolladores e ingenieros desde la etapa de diseño para evitar vulnerabilidades estructurales.




