Haití se encuentra en una situación crítica con casi 200,000 personas devueltas al país este año, mientras 1.47 millones están desplazadas internamente debido a la violencia de las bandas armadas. La situación fue expuesta ante el Consejo de Seguridad de la ONU, revelando un incremento en los retornos forzosos y un aumento en la inseguridad alimentaria que afecta a 5.8 millones de personas.

La violencia se ha intensificado, como lo demuestra la reciente matanza en Kenscoff, donde al menos 47 personas murieron y más de 50 fueron secuestradas. Este ataque subraya la expansión de las bandas más allá de Puerto Príncipe, poniendo a prueba la capacidad del Estado para contener su avance.

La comunidad internacional busca reforzar la Fuerza de Supresión de Pandillas en Haití, con apoyo de países como Chad, Mongolia y Costa de Marfil. República Dominicana también ha manifestado su interés en abordar la situación de seguridad en Haití durante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El papa León XIV ha pedido la liberación de los secuestrados y ha instado a las autoridades a garantizar la seguridad de la población. La situación plantea una pregunta incómoda sobre el destino de los haitianos retornados a un país sumido en la violencia y la inseguridad.