David J. Rush, exalto funcionario de la CIA, se declaró culpable de fraude electrónico, causando pérdidas de aproximadamente US$194 millones al gobierno de Estados Unidos. Rush utilizó su posición para crear autoridades ficticias y obtener fondos públicos, que empleó en la compra de lingotes de oro, propiedades de lujo y vuelos privados. Además, admitió haber entregado información clasificada a un funcionario extranjero, poniendo en riesgo a una fuente humana clandestina estadounidense.