El periodismo enfrenta una crisis de identidad, donde el sensacionalismo ha sustituido a la información rigurosa. La búsqueda de clics y métricas ha relegado la objetividad y el contraste de fuentes, transformando la noticia en un espectáculo macabro. Esta tendencia ha colonizado las portadas de medios tradicionales y digitales, desensibilizando a la sociedad y vaciando de dignidad a las víctimas. Es urgente que el público exija un retorno a la ética periodística para preservar el tejido democrático y la función informativa del periodismo.