La reciente masacre en Kenscoff, Haití, ha dejado al menos 47 muertos y más de 50 personas secuestradas, generando una ola de protestas y reclamos al gobierno haitiano. Un jefe de banda ha amenazado con ejecutar a los rehenes si las fuerzas de seguridad intervienen, lo que complica la respuesta de las autoridades. La situación ha puesto de manifiesto la persistente capacidad de las bandas para desafiar al Estado y provocar desplazamientos masivos.
El ataque, ocurrido en una comunidad montañosa estratégica, ha intensificado la presión sobre el gobierno, que había prometido recuperar territorios controlados por grupos criminales. Naciones Unidas ha actualizado el balance de víctimas, destacando que entre los fallecidos hay cinco niños y 22 personas ejecutadas en una iglesia. La comunidad internacional ha condenado el ataque y ha instado a intensificar los esfuerzos para combatir la violencia de las bandas.
La violencia en Haití ha generado una crisis humanitaria, con más de 3,000 muertos y 1.4 millones de desplazados en lo que va del año. La inseguridad alimentaria afecta a más de la mitad de la población. La situación también pone en duda la viabilidad de las elecciones generales previstas para diciembre, en medio de un clima de inseguridad creciente.




