Guillermo, un camillero de un hospital público en Santo Domingo, ha dedicado casi 30 años a trasladar pacientes en el centro de salud. A pesar de su extensa experiencia, su salario se mantiene en RD$9,500, sin reajustes desde su nombramiento hace 18 años.
Guillermo relata que su ingreso apenas cubre los gastos de transporte y las necesidades familiares, lo que lo lleva a esperar con ansias su jubilación. Aunque ha considerado renunciar, teme perder los beneficios acumulados durante su servicio.
El camillero destaca que su labor es crucial en el funcionamiento del hospital, aunque siente que su trabajo es menospreciado en comparación con otros profesionales de la salud. Espera que su retiro le permita disfrutar de una mejor calidad de vida junto a su familia.




