La prevalencia de la obesidad entre niños y adolescentes de 5 a 19 años ha aumentado del 2% al 8% desde 1990, según la OMS. Ante esta situación, la Organización Mundial de la Salud ha desarrollado sus primeras directrices para tratar esta enfermedad en estas edades. Las recomendaciones incluyen intervenciones que combinan alimentación, actividad física y modificación de conductas, sin recurrir a tratamientos farmacológicos o cirugía en niños menores de 9 años.
Para adolescentes de 10 a 19 años, se pueden considerar medicamentos solo si un programa supervisado de cambios en el estilo de vida no logra resultados en seis meses. La OMS enfatiza que el tratamiento debe centrarse en un apoyo integral que promueva una alimentación saludable y actividad física. Además, se recomienda abordar la salud mental, ya que problemas como la ansiedad y la depresión pueden influir en comportamientos alimentarios poco saludables.
La organización advierte que el tratamiento individual no revertirá el aumento global de la obesidad y pide políticas públicas para facilitar dietas saludables y actividad física. Aunque en países de ingresos altos la obesidad se ha estabilizado, sigue creciendo en regiones de ingresos medios y bajos, generando costos significativos.




