Las noticias falsas, aunque parecen un fenómeno reciente, tienen sus raíces en la antigüedad con el propósito de influir y manipular. Actualmente, estas prácticas generan ingresos millonarios a través de plataformas que se benefician de la viralización de contenido falso.
La desinformación se ha convertido en un desafío estructural para la economía y la sociedad contemporánea, afectando la confianza en las instituciones y el mercado. La inteligencia artificial ha facilitado la creación y distribución de contenido falso, lo que ha dado lugar a una "economía de las mentiras".
Este fenómeno no solo deteriora el debate público, sino que también impacta negativamente en la salud, la democracia y la cohesión social. Además, algunos gobernantes y candidatos presidenciales en América Latina han recurrido a las noticias falsas para ganar apoyo electoral, exacerbando el problema.




