El 3 de septiembre de 1930, el ciclón San Zenón transformó radicalmente Santo Domingo. Con vientos de hasta 290 km/h, el huracán dejó miles de muertos y heridos, destruyendo gran parte de la ciudad. La catástrofe no solo alteró la arquitectura de la capital, sino que también brindó a Trujillo una oportunidad política para consolidar su régimen mediante la reconstrucción.

El investigador José Enrique Delmonte Soñé destaca cómo la tragedia cambió la percepción sobre los materiales de construcción, promoviendo el uso de mampostería sobre la madera. La reconstrucción fue utilizada por el gobierno de Trujillo para establecer nuevas regulaciones y narrativas de progreso.

A pesar de la devastación, la falta de planificación urbana tras el ciclón dejó consecuencias a largo plazo. Aunque se realizaron obras importantes, no fue hasta años después que se intentó formalmente planificar el crecimiento de la ciudad. San Zenón sigue siendo un referente histórico para evaluar amenazas meteorológicas en la región.