La política exterior de Estados Unidos parece estar experimentando una transformación, pasando de un idealismo excepcionalista a un pragmatismo transaccional. Este cambio se refleja en la aplicación de aranceles como herramienta política, desplazando principios geopolíticos tradicionales.
El debate se centra en si esta disrupción es necesaria para modernizar un orden posguerra considerado obsoleto por algunos, como el expresidente Trump. Sin embargo, sus críticos advierten sobre una posible erosión institucional y el aumento de la incertidumbre global.
La volatilidad de las nuevas alianzas podría debilitar la seguridad y las cadenas de suministro internacionales. El futuro de esta política será evaluado por los mercados y los votantes en los próximos años, determinando si es un movimiento estratégico o una desgracia histórica.




