En República Dominicana, una parte significativa de la ciudadanía muestra desencanto con el desempeño de la democracia, tras décadas de construcción institucional post-autoritarismo. Problemas persistentes como deficiencias en servicios básicos, crisis hospitalarias y un transporte público ineficiente han generado frustración en la población.
El estudio Latinobarómetro revela que el apoyo a la democracia en el país ha caído del 55% en 2024 al 47% en 2026, situándose por debajo del promedio latinoamericano. Además, el 61% de los dominicanos estaría dispuesto a aceptar un gobierno no democrático si este resolviera los problemas nacionales.
A pesar de que el 70% de la población valora los mecanismos democráticos como las elecciones, el 68% no se siente representado por el Congreso Nacional. Este descontento refleja una demanda por mayor eficacia en la gestión gubernamental, más allá de la legitimidad electoral.
La situación plantea un desafío para la clase política, que debe ofrecer resultados tangibles para mantener la confianza ciudadana en el sistema democrático. La historia muestra que los gobiernos autoritarios pueden ofrecer soluciones rápidas, pero a costa de libertades y controles institucionales.




