La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil en 2026 dejó en evidencia un desacierto en las encuestas electorales. A pesar de que las principales encuestadoras, como Datafolha y Quaest, pronosticaban una ventaja para Flávio Bolsonaro, el resultado final favoreció a Luiz Inácio Lula da Silva.
Las encuestas otorgaban a Bolsonaro un porcentaje mayor de votos, pero las urnas mostraron lo contrario, con Lula obteniendo el 51.79% frente al 48.21% de Bolsonaro. Este desajuste ha generado cuestionamientos sobre la metodología y los posibles sesgos en las encuestas.
Se han señalado posibles errores muestrales y sesgos de representación como causas de esta discrepancia. Además, se ha discutido el impacto del financiamiento y la difusión de las encuestas en la percepción pública.
La situación invita a una reflexión sobre la responsabilidad de las encuestadoras y la necesidad de transparencia en sus procesos. Es crucial investigar si los errores fueron metodológicos o si hubo influencias externas que afectaron los resultados.




