En el Gran Santo Domingo, numerosas familias viven en peligro al construir sus viviendas en laderas y terrenos inestables. Estas edificaciones, a menudo sostenidas por columnas delgadas, desafían la gravedad y representan un riesgo permanente debido a su ubicación en áreas vulnerables a deslizamientos y sismos.

El arquitecto Erick Dorrejo destaca que la migración hacia los centros urbanos ha llevado a muchas familias a ocupar terrenos peligrosos. La falta de oportunidades en otras zonas del país ha impulsado esta tendencia, agravada por la limitada fiscalización de las construcciones.

Ricardo González Camacho, de la Asociación Ciudad Alternativa, señala que el crecimiento acelerado de las ciudades no ha sido acompañado por un desarrollo adecuado de infraestructura y servicios. Esto ha obligado a muchas personas a construir en áreas de alta vulnerabilidad, como orillas de ríos y farallones.

Dorrejo propone crear un registro de edificaciones para identificar viviendas en zonas de riesgo y evaluar sus condiciones constructivas. Sin embargo, González Camacho advierte que cualquier reubicación debe considerar las redes sociales y económicas de las familias afectadas.