Alejarse de una relación violenta no siempre significa dejar atrás sus consecuencias. El miedo, la ansiedad y las secuelas emocionales pueden permanecer incluso después de que la víctima se aparta del agresor, afectando su vida cotidiana y sus relaciones.

Dioscoride Paulino, psicólogo clínico, advierte que la violencia de género puede dejar consecuencias como depresión, ansiedad, ataques de pánico, estrés postraumático, insomnio y síntomas físicos sin causa médica clara. La autoestima puede erosionarse por la devaluación repetida y el estrés crónico dificulta la planificación del futuro.

El Ministerio de la Mujer señala que el acompañamiento legal y psicológico no tiene un plazo fijo y se mantiene durante el proceso judicial. Virtudes de la Rosa Hidalgo, del Instituto de Género y Familia de la UASD, considera un error ver la denuncia como el punto final, ya que la violencia de género es un fenómeno estructural.

La respuesta efectiva a la violencia de género requiere una articulación que una protección, justicia, atención médica, salud mental y apoyo social. La denuncia puede detener el silencio y abrir una posibilidad de protección, pero no garantiza que el miedo desaparezca o que la mujer recupere su autonomía.