El peso dominicano, aunque sigue siendo la moneda de circulación nacional, enfrenta un creciente rechazo en las transacciones diarias debido a la inflación. El economista Henry Hebrard señala que este fenómeno se debe a la pérdida del poder adquisitivo real de la moneda, lo que lleva a que las monedas de baja denominación no tengan valor práctico. Esta situación provoca que los precios tiendan a redondearse y se desincentiven las transacciones en efectivo, afectando al consumidor final.

Hebrard advierte que esta práctica de redondeo, donde los precios son ajustados al alza, incrementa invisiblemente los costos para los consumidores. Además, el aumento en los precios del petróleo y los combustibles, que impactan en el Índice de Precios al Consumidor, agrava la inflación. Este fenómeno se ve exacerbado por la concentración del mercado en pocos actores, lo que limita la competencia y la capacidad de los consumidores para influir en los precios.

El economista sugiere que entidades regulatorias como PROCONSUMIDOR intervengan para reglamentar estas prácticas y proteger a los consumidores. La situación refleja un problema estructural en la economía dominicana, donde los precios suben rápidamente pero descienden lentamente, si es que lo hacen.