Durante el juicio por asesinato de Lindsay Clancy, un psicólogo testificó que la acusada no comprendía la ilegalidad de sus actos debido a problemas de salud mental. Paul Zeizel, quien trató a Clancy tras la muerte de sus hijos, argumentó que sufre de un trastorno bipolar y psicosis posparto. La defensa sostiene que Clancy no debe ser considerada penalmente responsable, mientras que la Fiscalía cuestiona la validez de estos argumentos.