La música puede ser más que entretenimiento para los niños neurodivergentes. Tocar un tambor o seguir un ritmo puede convertirse en una oportunidad para trabajar la atención, autorregulación emocional, coordinación motora y permanencia en las actividades.

El psicólogo Luis García explicó que cuando un niño toca un tambor, no está realizando una simple acción, debido a la coexistencia de procesos que involucran la coordinación de movimientos, escucha y respuesta a los estímulos. Sin embargo, aclaró que aunque dos niños compartan el mismo diagnóstico, las estrategias deben adaptarse a sus necesidades sensoriales y tolerancia a los sonidos.

En el caso de un infante con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), se incorporan actividades musicales que impliquen movimiento, como desplazamientos y circuitos de coordinación. García destacó que las necesidades del niño determinan qué herramientas los especialistas deben utilizar.

La incorporación de instrumentos musicales se realiza con un propósito, aunque no todos los niños aprenden de la misma manera ni al mismo ritmo. Con un instrumento de percusión se trabaja la atención, imitación, el ritmo y la espera, mientras que con un circuito psicomotor se desarrolla el equilibrio, la coordinación, planificación motora y el seguimiento de instrucciones.

El especialista subrayó que el objetivo no es que todos realicen exactamente las mismas actividades, sino identificar las fortalezas de cada niño y utilizarlas como punto de partida para desarrollar nuevas habilidades. García explicó que algunos niños necesitan más tiempo que otros para mostrar avances significativos en las terapias.

Mediante la música también se pueden trabajar habilidades relacionadas con el control inhibitorio, definido como la capacidad de detener una respuesta automática para realizar otra más adecuada. En estas terapias con ritmo también pueden participar los progenitores, implementando actividades sencillas que fomenten el seguimiento de instrucciones, la coordinación y la espera.