La globalización ha transformado la percepción de la geopolítica, un concepto que resurge con fuerza desde el final de la Guerra Fría. Este fenómeno se centra en la relación entre poder y espacio, influyendo en la política internacional y el comercio global.
En la actualidad, las empresas multinacionales desarrollan estrategias territoriales basadas en la geoeconomía, que se enfoca en los aspectos espaciales y económicos de los recursos naturales. Este enfoque difiere de la geopolítica tradicional, que se centra en la influencia de los factores geográficos en la política y los conflictos bélicos.
El nuevo orden geoeconómico requiere que los países integren sus mercados y protejan sus fuentes de ingresos. La seguridad nacional ahora depende de la productividad, la innovación tecnológica y las reformas económicas dinámicas, más que de las fuerzas armadas tradicionales.
La competencia global se define por la lógica del comercio, no por la guerra, lo que ha llevado a cambios en las áreas de interés económico, impulsadas por la inversión extranjera directa.




