El uso de la pena de muerte en Estados Unidos ha vuelto a ser tema de debate tras el anuncio de la posible ejecución por fusilamiento de Nidal Hasan, que fue desestimada por el presidente Donald Trump debido al rechazo público. Hasan, expsiquiatra militar, fue responsable de la muerte de 13 soldados en Fort Hood, Texas, en 2009. Este caso ha reavivado la discusión sobre los métodos de ejecución, especialmente tras la fallida inyección letal de Christa Pike.

La inyección letal, introducida en Texas en 1982, es el método más común, pero ha presentado numerosos fallos. Según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, ha habido 64 ejecuciones fallidas en los últimos 50 años, lo que ha llevado a considerar métodos alternativos como el pelotón de fusilamiento, la silla eléctrica y la cámara de gas. Estos métodos, sin embargo, también han sido criticados por su potencial para causar dolor intenso.

El gas nitrógeno es otro método que algunos estados han comenzado a utilizar, aunque también ha generado controversia. Alabama ha ejecutado a varias personas con este método, que ha sido descrito como un espectáculo espantoso por testigos. Mientras tanto, la silla eléctrica y el pelotón de fusilamiento han sido reintroducidos en algunos estados como alternativas a las inyecciones letales.

El presidente Trump, defensor de la pena de muerte, ha restablecido su uso a nivel federal y ha pedido su ampliación para ciertos delitos. Sin embargo, las ejecuciones fallidas y las críticas a los métodos utilizados han generado un debate continuo sobre la ética y la efectividad de la pena capital en Estados Unidos.