El Senado de Brasil aprobó la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, impulsada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. La enmienda a la Constitución fue votada favorablemente en dos ocasiones durante la misma sesión legislativa. A pesar de la oposición inicial, Jair Bolsonaro cambió su postura y votó a favor de la medida de manera telemática.

El cambio de opinión de Bolsonaro generó críticas de los senadores gubernamentales, quienes señalaron la inestabilidad de sus convicciones. La portavoz del Gobierno en el Senado, Teresa Leitão, advirtió sobre la necesidad de estar vigilantes para evitar retrocesos futuros. La medida beneficiará a unos veintidós millones de trabajadores, según los sindicatos.

El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, destacó el impacto positivo de la medida para millones de personas en Brasil. Sin embargo, sectores productivos y patronales, como la Federación de Comercio de São Paulo, expresaron su preocupación por el aumento del costo laboral y la posible pérdida de empleos. El senador Randolfe Rodrigues defendió la medida, comparando a Brasil con países desarrollados como Finlandia y Alemania.